Punto Cuatro Radio: mi primer proyecto profesional

El 1 de julio de 1999 pusimos en marcha Punto Cuatro Radio (FM 105.4) desde la calle El Tejar, en el norte de Tenerife. Yo tenía solo 18 años y asumí la dirección de un proyecto que, visto con perspectiva, fue una de las experiencias más intensas, valientes y formativas de mi vida profesional.

A esa edad uno combina dos ingredientes muy potentes: una enorme valentía y una gran inexperiencia. En nuestro caso, esa mezcla fue suficiente para lanzarnos a construir una emisora de radio local con una ambición muy clara: hacernos un hueco en Tenerife y ofrecer una propuesta cercana, dinámica y con personalidad propia.

Desde el principio tuvimos claro que queríamos hacer una radio diferente. No solo en contenidos, sino también en la forma de trabajar y en los medios técnicos. Para una emisora local de aquella época, Punto Cuatro Radio contaba con una infraestructura técnica poco habitual.

Apostamos por un sistema de gestión de audio completamente digital, algo que entonces todavía no era común en muchas radios locales. Además, trabajábamos con mesas de sonido de alta gama y con un equipamiento técnico que nos permitía operar con estándares muy por encima de lo habitual para un proyecto de nuestras dimensiones.

Las instalaciones eran sencillas, pero estaban pensadas para ser plenamente funcionales. La emisora estaba ubicada en un despacho céntrico de la Villa de La Orotava. No era un espacio grande, pero estaba bien distribuido y diseñado para el trabajo diario. Contábamos con un locutorio con su control de sonido, una cabina y dos espacios de trabajo destinados al equipo.

Aquella estructura nos permitía trabajar con agilidad, producir contenidos propios y mantener una operativa profesional en el día a día.

Diseñamos una programación con dos bloques muy diferenciados.

Las mañanas estaban dedicadas a los programas en directo y a la actualidad. El eje principal era “Cuatro Cosas”, un magazine informativo con entrevistas, noticias y temas de interés general. Después llegaba Inma Donate con “Las Mañanas con Inma”, aportando cercanía y frescura a la parrilla matinal.

Las tardes estaban reservadas para la música y el entretenimiento. Apostamos por una radiofórmula que combinaba ritmo, actualidad y compañía para nuestros oyentes. En esa franja participaron profesionales como Toni Dios y Leni López. Por la noche, la programación adquiría un tono más personal y especializado con Carlos Robles y su espacio “Contrapunto”, además de Nacho García con “Morfeo”.

Aquel proyecto evolucionó rápidamente. Exactamente un año después, el 1 de julio de 2000, Punto Cuatro Radio se transformó en Uni-Radio. La emisora pasó a centrarse en una radiofórmula que mezclaba la actualidad musical con clásicos contemporáneos. Esta nueva etapa fue posible, en gran parte, gracias a nuestra capacidad para organizar eventos y generar actividad más allá de la propia emisión.

La empresa nació gracias a un grupo de personas que creyeron en una idea y confiaron en que aquel proyecto podía consolidarse. Sin esa confianza inicial, nada de aquello habría existido.

Sin embargo, tres años después, el proyecto fracasó financieramente.

Los accionistas intentaron rescatarlo colocando al frente a una agencia de publicidad local, hoy desaparecida, con la esperanza de reorientar el negocio. Pero no fue suficiente. La iniciativa no logró continuar.

Con el paso de los años, miro aquella etapa con mucho respeto.

De Punto Cuatro Radio me llevo una experiencia enorme y una auténtica cura de humildad. Aprendí que tener una buena idea no siempre garantiza la viabilidad de un proyecto. Aprendí que la pasión es imprescindible, pero no sustituye a una estructura sólida. Y aprendí, sobre todo, que incluso los proyectos que no sobreviven pueden dejar una huella profunda.

A veces echo de menos aquella ternura empresarial de los comienzos. Esa forma casi inocente de emprender, donde el entusiasmo pesaba más que el miedo y donde la ilusión permitía imaginarlo todo.

Seguramente hoy miro los proyectos con más experiencia, más criterio y más perspectiva. Pero también sé que parte de lo que soy profesionalmente empezó allí, en aquella radio, con 18 años, delante de una idea que parecía más grande que nosotros mismos.

No podría cerrar este recuerdo sin mencionar a algunas de las personas que caminaron conmigo en aquella aventura. A mis socios, Rosa y José, por confiar en un proyecto tan ambicioso como incierto. A compañeros, trabajadores y colaboradores como Inma, Toni, Leni, Airam, Carlos y Toño, que formaron parte del día a día de aquella radio.

También, y de forma muy especial, a mi familia.

A mi abuela, que me cobijó en aquellos años y me dio refugio cuando más lo necesitaba. A mi padre, con quien compartí muchos desayunos de churros en los momentos más difíciles, cuando el peso del proyecto empezaba a hacerse notar de verdad. A mi madre, que siempre ha estado ahí, fiel compañera en cada etapa de mi vida.

Y a mi querido amigo Fran, que ya entonces formaba parte de mi camino y que con el tiempo acabaría convirtiéndose también en socio.

Seguro que me olvido de mucha gente. El tiempo difumina nombres, pero no borra lo importante: ninguna aventura empresarial se construye en solitario.

Punto Cuatro Radio fue mucho más que una emisora. Fue una escuela de vida.